Irene La Sen

Barcelona, 1984. Irene del Valle de la Sen, más conocida como Irene La Sen, centra su trabajo en la palabra hablada. Reside actualmente en Palma de Mallorca, donde escribe poesía. La poesía se une a la música y los sonidos de Xarro de las Calaveras (ex-componente del grupo de rap La Puta OPP)

Irene ha participado en multitud de festivales y encuentros de arte, literatura y música, y mantiene una continua actividad en circuitos de poesía underground, jams sessions y Poetry Slams de ciudades como Palma de Mallorca, Barcelona, Madrid, Córdoba, Berlín, Budapest, etc. Influida por la arquitectura y el urbanismo, pero sobre todo por la propia experiencia, las letras de Irene La Sen exploran sin quererlo las reacciones del individuo frente a una ciudad hostil y castigada, las relaciones humanas, el dolor, y la contradicción, entre otros temas.

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Jaume Vilardell

 

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El proyecto expositivo Ad·diction creado expresamente para Galería La Real se encuentra íntimamente relacionado con el trabajo que lleva a cabo Vilardell como ilustrador y diseñador gráfico. Ad·diction se compone de tres partes: dibujo, digitalización y wall-paint

En proyectos de ilustración, especialmente en los relacionados con moda, aparte de las referencias que el cliente suele facilitar, Vilardell reúne gran cantidad de imágenes, descargadas de internet, o de revistas impresas, que una vez terminado el proyecto guarda en su banco de imágenes.

Son imágenes que en base a un continuo bombardeo mediático forman parte de nuestra cultura visual. Imágenes que muestran un modelo de perfección estética al que consciente o inconscientemente nos queremos todos acercar y que fomentan el consumo de los productos o marcas de la gran industria de la moda y la estética. Una visión crítica de estas imágenes pone al descubierto la gran tramoya de la moda: superproducciones de grandes fotógrafos personificadas en modelos de apariencia casi irreal.

Este material fotográfico ha sido la base referencial de AD-DICTION, del cual se ha escogido fragmentos de imágenes a partir se ha desarrollado el trabajo artístico para está exposición.

Dibujo
Durante el proceso creativo, Vilardell enfoca su interés en lo puramente epidérmico: cuerpos y rostros de piel perfecta: maquillada o retocada digitalmente hasta extremos de irrealidad engañosa, provocando una mayor simplificación y abordar en mayor medida múltiples detalles: fragmentos de rostros, como fragmentos de piel desgarrados, generalmente caras o cuerpos en expresiones hieráticas. Usando un lenguaje hiper realista: dibujos muy detallados, a lápiz, bolígrafo y rotulador sobre cartulina blanca (Bristol 650 g/m2 formato: 50 x 65 cm), ausentes de color, en los que se ha distorsionado los claroscuros para acentuar la irrealidad de estas máscaras faciales.

Digitalización

Los dibujos sufren un proceso de digitalización que permite, no sólo la visualización remota del proceso y el resultado final, sino también la manipulación de los dibujos originales con el uso de las herramientas digitales. Parte del proyecto AD-DICTION consiste en la manipulación digital de los dibujos originales, su ampliación a grandes formatos o su recomposición, creando así una obra gráfica digital ya que actualmente las técnicas de impresión digital permiten la reproducción de imágenes sobre papel u otros soportes con resultados de alta calidad. Y la impresión digital se ha incorporado a las técnicas de producción de obra gráfica, multiplicando sus posibilidades de divulgación y asequibilidad. Y ayudando a Vilardell a aumentar su juego en el proceso de creación artística. Aunque en el caso de Ad·diction se ha impreso sobre aluminio para jugar con el efecto espejo del dibujo para incrementar el deseo del artista de que las piezas interactúen con el espectador.

Wall-paint
La última fase en el proyecto expositivo de Vilardell en GLR consiste en la intervención directa en el espacio. (Los soportes publicitarios verticales a gran escala forman parte de un paisaje urbano en continua transformación). El mural incide en este carácter efímero y la corta vigencia de un argumento comercial en la publicidad, o de las tendencias a las que está sometida la moda.
El dibujo podrá sufrir intervenciones durante el periodo de la exposición (provocado por el artista y tal vez por parte de los visitantes) y desaparecerá.
La destrucción del dibujo mural cerrará el proyecto AD-DICTION.

sandra álvaro

habitacles urbans

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WoS /Occupations

Baudelaire, Walter Benjamin, Susan Sontag, todos ellos han escrito en base a un punto en común, ¿caminantes o mirones? Y París es la ciudad; un infierno urbano que seduce al mirón/caminante, al voyeurista cámara en mano, retratando su voluptuosidad decadente.
Michel de Certau traza una línea divisoria entre las figuras del caminante y del voyeur asignando al primero la creación de las ciudades, y al segundo la actividad de lectura incitada por el deseo de comprobar tanto la existencia del lugar, como la de sí mismo.
Sandra entre caminante y voyeur, huye de la neutralidad, y busca la identidad andando, contempla la ciudad como un lugar de convivencia en el que suman voluntades y debates entre lo público y lo privado.
Uno de los rasgos más característicos de la perspectiva social de los nuevos medios es que sus formas de colectividad están basadas casi de manera exclusiva en una experiencia de conexión, de constante ensamblaje. Una tendencia que procura generar la necesidad de conectar todo con todo, como principio primero de actuación.
Espacios urbanos (lugares, o no-lugares) que se caracterizan por ser un punto de encuentro o estar en proceso de cambio. “WoS/Occupations” el proyecto parisino de Sandra, parece estimulado por recorridos a la dérive como Guy Debord.
Alvaro trabaja en el campo de la tecnología y el arte para crear esta web site, WoS, un medio virtual para que nosotros, los espectadores, interactuemos en este espacio virtual, un medio innovador que expresa las nuevas inquietudes creativas de la artista. A través del vídeo y de google maps, nos adentra en su recorrido, y nos localiza en diversos puntos de la ciudad. Visualizamos al individuo a través de puntos y lo identificamos a través de la arquitectura.
La psicogeografía, el auténtico lenguaje del siglo XX, es definitivamente el mapa artístico a desarrollar actualmente. Las posibilidades de la web 2.0 abre nuevas vías de comunicación e información por compartir, destacando su interactividad ya que requiere un sobre esfuerzo a la hora de diseñar la navegación, y concluye con un mayor feedback entre la máquina y el usuario, creando una comunidad efímera al igual que sucede en el espacio público.
El debate sobre los nuevos lenguajes en el que se adentra Sandra Alvaro no es el concepto, o el desarrollo tecnológico; sino de su procedencia a su fin: heredera de características propias de movimientos de vanguardia, donde se cuestiona el papel del autor, la originalidad, la unicidad o su carácter de mercancía.
Cuestionamientos propios de las vanguardias pero sin dejar de ser parte del sistema del arte, la comercialización de este tipo de obras se convierte en el máximo tema de debate en el mercado del arte actual. ¿Los paradigmas del arte tradicional se volverán a imponer?
Links de interés:

javi cadavieco

2011. “Cellblock” 

2008. Identidad Perdida.

Complejo de Zelig

“Comprensiblemente, la coronación de la diversidad sexual y racial como nuevas superestrellas de la publicidad y de la cultura popular ha provocado una suerte de crisis de identidad de la identidad”

En su relato acerca de la lucha contra los arquetipos impuestos por las grandes marcas comerciales que iniciaron diversos colectivos en la década de los 90 en Estados Unidos, Naomi Klein señala cómo las corporaciones se apropiaron de la identidad de estos grupos hasta entonces marginados y la convirtieron en una herramienta de marketing. Lo alternativo se convirtió en una marca con la que hacer más atractivos los productos de consumo, y las reivindicaciones de gays y feministas, que hasta entonces se habían visto olvidados o maltratados por los medios de comunicación, se convirtieron en iconos de la cultura de consumo del capitalismo posindustrial. Las señas de identidad de estos colectivos, entre otros, pasaron a ser elementos del packaging de una nueva gama de productos que se presentaban bajo una imagen homogénea en todo el mundo. Una década más tarde, nos encontramos en un momento en que se ha asumido la absorción de la identidad por parte de las grandes marcas. Éstas nos ofrecen modelos a los que asemejarnos, dentro de una gama tan amplia que incluso dispone de un patrón para aquellos que quieren ser totalmente diferentes o incluso críticos con el sistema. Paradójicamente, la tan discutida posibilidad de clonar embriones humanos se da en una sociedad en la que ya se ha producido una clonación de las mentes de las personas, particularmente los adolescentes, cuya identidad individual se halla en un estado de transición, siendo por tanto a la vez frágil y maleable. Así, por medio de la imagen de un “adolescente global” (como lo denomina Klein), difunden las grandes empresas de objetos de consumo su identidad de marca en todo el mundo. Obvian la identidad cultural de cada pueblo e incluso se apropian de dicha diversidad para seducir al consumidor con una falsa personalización del producto: es en realidad el usuario el que se adapta a aquello que compra y no a la inversa.

Como compradores vemos pues que nuestra identidad se refleja en la sociedad por medio de nuestra elección de determinadas marcas y productos. Una elección que lógicamente está sometida a la posibilidad individual de adquirir cada producto, ya sea por su precio o por su distribución por canales particulares. Así, sabemos que determinadas marcas se asocian al lujo, la elegancia, la exclusividad, otras por contra representan lo urbano, la rebeldía, incluso una pretendida naturalidad. Se explotan todos los arquetipos de la personalidad: el perfeccionista, el ayudador, el triunfador, el esteta, el investigador, el seguidor, el aventurero, el líder, el mediador, cada modelo de conducta se ve reflejado en una serie de productos de consumo elaborado por las grandes multinacionales. La moda es por supuesto el terreno en el que más obviamente se plasma esta situación, en cuanto proporciona un aspecto exterior a la persona, vinculándola ya a primera vista a un determinado grupo social, colectivo o tribu urbana. Pero también nos determinan los múltiples objetos que empleamos cada día, desde el teléfono móvil a las gafas de sol, el ordenador o el coche. Todos ellos están debidamente tatuados con el logotipo de la empresa que los ha creado, una marca distintiva que hemos aprendido a reconocer y que instintivamente asociaremos a nuestra propia identidad.

Con todo, la estrategia mercantil de las grandes marcas no surtiría efecto de no ser por un principio básico de nuestra personalidad, que es la necesidad de reforzar la propia individualidad en la identificación y pertenencia a un grupo. El cineasta Woody Allen ilustra este aspecto de forma irónica en su film Zelig, un falso documental rodado en 1983 que narra la fantástica historia de Leonard Zelig, un hombre anodino que podía cambiar su aspecto para asemejarse a las personas de su entorno. Las transformaciones del “hombre camaleón” llegan al punto de cambiar de color de piel, hablar espontáneamente una lengua desconocida para él o desplegar un conocimiento experto de una materia que le es ajena. La condición de Zelig se revela como una patología psicológica, originada por la necesidad del sujeto de sentirse seguro en su entorno, con el que se mimetiza de una forma extraordinaria. El personaje creado por Allen no es sino una parodia de una actitud muy cotidiana, y podríamos incluso hablar de un extendido “complejo de Zelig” para describir la manera en que habitualmente muchas personas prefieren diluir su individualidad en un colectivo cuyas señas de identidad sustituyen a las de cada uno de sus integrantes. La identidad personal se halla pues en una situación inestable, asaltada constantemente por los modelos que le ofrece la acción combinada del marketing de las corporaciones, los medios de comunicación y los diversos grupos sociales. La propia imagen se vuelve difusa e irreal, un híbrido entre lo que queremos ser y lo que somos en realidad.
Javier Cadavieco explora en su obra las formas en las que se puede plantear un diálogo entre individuo y arquetipo, entre lo real y lo virtual, entre persona y modelo. Formado en fotografía industrial, publicitaria y de moda y con una dilatada experiencia como VJ en diversos festivales de música y conciertos, Cadavieco trabaja con la imagen con plena conciencia de sus posibilidades tanto a nivel de narración como de seducción e hipnosis. Emplea el vocabulario plástico de la moda y la publicidad para construir historias que al principio pueden parecer evidentes, puesto que el lenguaje de los medios nos ha acostumbrado a una lectura instantánea y superficial, pero que revelan una visión más profunda y crítica. Dos maniquís, uno masculino y otro femenino, sostienen en lugar de sus cabezas sendas pantallas planas en las que se suceden los rostros de personas reales filmadas por el artista. El contraste entre la artificialidad del cuerpo y el soporte digital con la evidente humanidad de las caras resulta desconcertante. Pronto el espectador establece una relación con los rostros, experimenta una inquietante empatía hacia el maniquí convertido en persona gracias a una máscara de imagen en movimiento. Las caras se suceden en una suave disolución, con lo que la identidad de la escultura antropomórfica cambia sutilmente. El movimiento de las cabezas contrasta a su vez con la rigidez de los cuerpos de los maniquís, hieráticos como esculturas egipcias, ideales en sus proporciones pero a la vez carentes de vida. El deseo de poseer un cuerpo perfecto, escultural, se plasma aquí de forma irónica: vemos a una persona atrapada, inmovilizada y confusa. La continua metamorfosis de los rostros es elaborada posteriormente por Cadavieco en otra serie en la que se centra en los estados intermedios: congela la imagen en el punto de fusión entre dos caras, de manera que el semblante que obtiene no pertenece ni a la primera persona ni a la siguiente, sino que es una especie de tercera identidad derivada de las otras dos. Con estas imágenes elabora una serie de retratos en los que podemos observar las sutiles similitudes y diferencias, la aparición y desaparición de pequeños detalles tales como piercings o barba. Los rostros resultan a la vez familiares y desconocidos, son personas anónimas pero creemos reconocer a un actor o una modelo, e inmediatamente nos viene a la mente una imagen publicitaria. Diluyendo los rasgos personales de los retratados, el artista destila una identidad ambigua, ficticia, que resulta tan aséptica e universal como la que nos muestran los medios de comunicación: personas reales que por un truco visual se convierten en la representación ideal de una persona. Asimismo, el efecto de disolución indica una constante transformación, una adaptación sin fin como la que Zelig, el personaje de Woody Allen, practica para amoldarse a su entorno. La multiplicidad de identidades es también el tema que lleva a Cadavieco a su siguiente trabajo, una serie de fotografías en las que frente a un paisaje natural se despliegan los clones de una misma chica, con diferentes actitudes y vestimenta. Aquí el artista elabora la representación de una diversidad en cierto modo heterogénea, al fotografiar a la modelo en poses distintas con varios tipos de prendas, todas de color blanco. La neutralidad y la pureza que se asocian a este color le permite crear una imagen que elude las evidentes referencias al mundo de la moda y la publicidad para establecerse como una metáfora visual de la identidad inestable de la persona y su necesidad de gustar y ser aceptada, bajo la forma que sea necesaria.

La reflexión de Javier Cadavieco en torno a la relación entre individuo y arquetipo se completa con un video realizado en Berlín con la técnica de stop motion. Combinando una serie de imágenes fijas en rápida sucesión, el artista crea una animación en la que los personajes se desplazan a la vez que permanecen estáticos, como maniquís movidos por una mano invisible. Individualidad y dualidad se combinan por medio del empleo de la duplicación especular de la imagen, a la que se suma el particular escenario de la fría arquitectura racionalista de la capital germana, que añade un componente de deshumanización al discurso narrativo. El video enlaza con las obras precedentes, completando así el presente ciclo acerca de la identidad perdida. Una identidad perdida en sus múltiples manifestaciones, en su continua mutación impulsada por el deseo de agradar, por la búsqueda de la aceptación, y en definitiva por una incesante adaptación a un modelo que, por ficticio, además de imposible resulta perverso.

Pau Waelder
Mayo, 2008

1 Naomi Klein. No logo. El poder de las marcas. Barcelona, Paidós, 2007, p. 176. 2 Empleo aquí conscientemente los nueve tipos descritos en el Eneagrama de la personalidad según lo han desarrollado diversos escritores y psiquiatras a partir de los escritos de George Gurdjeff.